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 LA PROSA DE GABRIELA MISTRAL EN EL CONJUNTO DE SU VIDA Y OBRA LITERARIA.

 

Alvaro M. Valenzuela [1]

  

         Lucila Godoy Alcayaga, recibe el Premio Nobel de Literatura en el año 1945. Era un justo reconocimiento de una obra poética que había logrado darse a conocer en el mundo. Sin embargo, en su conjunto y dados los medios tecnológicos de la época, era una producción mesurada y espartana. En efecto, de ella sólo se conocían los poemas de Desolación, Ternura y Tala. Casi diez años más tarde publicaría la primera parte de Lagar.

 

         Sin embargo, la ya conocida como Gabriela Mistral tenía en su haber literario mucho más. Es preciso decirlo y repetirlo en Chile, donde ella es identificada con sus poemas – sus rondas y con alguna mítica referencia a su calidad de maestra. En efecto, ya en la época del Nobel, su prosa había dado sazonados frutos. A lo menos 500 trabajos sobre los más diversos temas habían salido de su pluma. No sólo ninguna chilena, ni tampoco ningún escritor chileno estaban a la altura de ese logro. Prosa, pero no sólo aquella ofrecida al gran público, sino un Epistolario nutridísimo, cuyos bordes y límites estamos lejos de precisarlos.

 

         Callada y hábil artesana de la palabra, de bajo perfil, como una costurera de Vermeer, espera unas Obras Completas que lo sean en verdad. No obstante, a lo menos en el plano de sus cartas, esta empresa ya no parece posible. Consta que algunos legajos se han perdido para siempre [2]. Y, por lo demás la incertidumbre acerca de la suerte del legado que consta en manos de Doris Dana [3], acrecienta la sensación de orfandad y enrostra a los chilenos su despego y descuido con el patrimonio intangible de la cultura nacional. [4]

 

         ¿Cómo hacer algún aporte a ese reencuentro en el plano de la prosa, sin que sean indispensables cuantiosos fondos y numerosos investigadores? Hay un camino: intentar un Inventario a partir de Antologías. Ese camino con todas sus imperfecciones conduce a resultados, que si bien son provisorios y en alguna medida parciales, invita a seguir y completarlo. Lo hemos intentado.

 

         Intentar un Inventario lo más completo posible fue la tarea que emprendió un religioso agustino, el Padre Alfonso Escudero o.s.a, quien ya en el año 1950, publicó en la Revista Universitaria de la PUC, un primer Inventario, dando forma a lo que ya era un deseo de la misma poetisa. [5] Siete años después , cuando la Universidad de Chile entregó un número especial de los Anales de la Universidad de Chile, Escudero contribuyó con una listado de 549 fichas, titulado La prosa de Gabriela Mistral.[6] Esta contribución sigue siendo un hito en la recuperación del legado prosístico de Gabriela. Se trata en efecto de un fichaje meticuloso que da cuenta, no sólo de las fuentes donde esas fichas pueden encontrarse, sino de un cierto aparato crítico relativo a las versiones mistralianas de cada trabajo.

 

         Pero una cosa es un Inventario y otra, muy diferente, es una Antología. Ya en vida de Gabriela hubo intentos antológicos referidos a su obra poética, pero faltaba el campo de la prosa.

 

         La primeras antologías de las obra de Gabriela Mistral estuvieron al cuidado y presentación de Hernán Díaz Arrieta, conocido como Alone, quien fuera uno de los primeros que reconocieron la dimensión literaria de su obra y que además la conoció muy de cerca. [7]

 

         Pero, sin duda quien realizara el primer gran esfuerzo antologador de la obra mistraliana, fue Don Roque Esteban Scarpa, que a pesar de no haber tenido un contacto directo con ella, intercambió una importante correspondencia en los años en que ella se desempeñaba como Cónsul en Niteroi y Petrópolis, Brasil. Este gran magallánico a quien Chile le debe tanto, se interesó desde muy temprano por la obra de Mistral y en varias obras dejó un registro claro de su paso por esas tierras. De su pluma nació : Una mujer nada de tonta (1976) y La desterrada en su tierra (1977) Curiosa y a la vez, penetrante síntesis de dos aspectos de esta compatriota, carne de Elqui nortino, pero universal en su alma de mujer y ciudadana del mundo.

 

         Scarpa tenía sus razones para ver en Gabriela alguien cercano. El mismo perteneciente a familia de inmigrantes – dálmata y corso; soltero y sin hijos – pero no porque hubiera faltado el amor; modesto y callado en su labor de profesor, bibliotecario y formador de futuras legiones de escritores. Afectividad fuerte y explosiva. Ambos profundamente religiosos, Don Roque católico a carta cabal, Gabriela con sus devaneos teosóficos, pero finalmente franciscana. No obstante si bien cercanos estaban distantes a la vez en su carácter y temperamento. Si el reconocimiento de Gabriela llega algún día, allí muy cerca estará Roque.

 

         Scarpa , entre los años 1978 y 1979, publicó cinco libros con textos en prosa de Gabriela Mistral, todos ellos de las prensas de la Editorial Andrés Bello. [8] La lejana compatriota emergía de la oscuridad con una obra poderosa y estimulante, tan valiosa como su misma obra poética. [9]

 

         Por lo demás, la tarea de antologar a Mistral no era nada fácil. Ya el Inventario de Escudero presentaba un desafío mayúsculo. Una cosa era tener las Fichas, otra más difícil era llegar a los textos. Hay más trabajos mistralianos que los efectivamente antologados. Se sabe que sólo en el Mercurio de Santiago publicó cerca de 300 artículos, recados, elogios y noticias. Por lo demás , ya desde 1919, comenzó a publicar en el Repertorio Americano , obra del maestro costarricense Joaquín García Monge – unas 156 contribuciones. Y,.. no siempre con el mismo título.

 

         La idea de avanzar hacia una Obras Completas de Gabriela Mistral, da lugar en 1992, a una Antología Mayor, de cuatro tomos, al cuidado de Ed. Cochrane S.A., en Santiago de Chile. Los más connotados especialistas chilenos se dan a la tarea entregando una obra que trata de la prosa de Gabriela en dos partes : una Antología en el Tomo II y un Inventario en el Tomo IV, que aborda su Vida y su Obra. Este inventario incluye cerca de 1000 referencias o fichas. [10]

 

         De este conjunto de intelectuales, académicos, periodistas y críticos literarios, nos permitimos destacar a uno de ellos, a Luis Vargas Saavedra, por la importancia de su contribución en esa Antología mayor y sobre todo por su aporte al conocimiento de textos inéditos. Sin pretender abarcar la totalidad de la obra de este académico de la Pontificia Universidad Católica, destacamos su trabajo de 1999, titulado Gabriela Mistral. Recados para hoy y mañana, en dos tomos. Como el mismo lo declara en la Introducción, estos textos desconocidos a la fecha en Chile, fueron un legado que le hiciera en 1975, Palma Guillén – palmita, como cariñosamente le decía Gabriela  - la profesora mexicana que la había acompañado en sus estancia mexicana y que luego siguiera en permanente contacto con ella.

 

         Desde nuestra perspectiva estos recados publicados por Luis Vargas nos acercan a algunas de las claves más profundas de la espiritualidad mistraliana, en particular a sus ideas sobre la belleza, la Gracia y el significado de la escuela, entre otros. En efecto, desde que Scarpa publicara Gabriela Mistral. Magisterio y Niño, no habíamos tenido oportunidad de encontrar textos suyos que presentaran con tal  profundidad sus ideas pedagógicas.

 

         Hacer un Inventario a partir de Antologías era un camino posible, a lo menos como prolegómenos a unas Obras Completas. Recurrimos a las Antologías de Roque E. Scarpa, de Luis vargas Saavedra, a la Antología Mayor (Tomo II), a la selección de prosas del Mercurio de Floridor Pérez, a los Escritos Políticos de Jaime Quezada y a nuestro propio Archivo Personal. De este modo se configuró un Inventario Antológico con 530 trabajos producidos por Gabriela Mistral entre 1906 y 1956, que seguía un orden cronológico.

 

         A continuación y a partir, fundamentalmente, de los títulos de esos trabajos en prosa confeccionamos un Índice Temático de la prosa de Gabriela Mistral (2006), compuesto de 109 entradas.

 

         Luego preparamos un cruce entre la vida de la poetisa: sus trabajos, desplazamientos, contactos y lugares visitados, con las obras escritas en esos períodos. Este cruce dio como resultado un texto denominado Distribución temporal de la obra en prosa de Gabriela Mistral (2006). ¿Cuánta prosa salió de manos de Gabriela Mistral durante cada una de esas etapas? Es lo que mostramos a continuación.

 

Año

Actividad

Número de trabajos

1889-1912

Desde su nacimiento hasta su paso por el Liceo de Antofagasta

10

1913-1921

Profesora en Los Andes y Directora en Punta Arenas.

68

1922-1923

Etapa mexicana como “experta” en educación.

18

1924-1932

Viajera en Europa, EE.UU, América Central y Latinoamérica.

199

1933-1951

Etapa consular. Cónsul en varias ciudades europeas, en Brasil, México y EE.UU.

 

180

1952-1956

Últimos años y su muerte en Long Island.

10

 

 

Total 530.

 

Se trata solamente de trabajos en prosa (excluidas sus cartas) indexados en el Inventario Antológico.

 

         Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre algunos aspectos de su vida intelectual. 1) El número de textos que ella escribió y envió a diversos medios de comunicación es muy significativo, sobre todo si se tiene en cuenta de que un inventario más completo incluirá nuevos títulos; 2) Una visión de conjunto debería incluir sus poemas y sus cartas – sabemos que escribía varias cada día; 3) Si bien su paso por Los Andes y por Punta Arenas, marca un hito en su vida como escritora : serán 68 trabajos, con seguridad va a ser la etapa mexicana y su posterior vida viajera lo que marcará la diferencia. Ambas etapas en conjunto representan 217 trabajos; 4) Finalmente la etapa consular será muy prolífica con 180 textos. 5) Con la clausura de su vida , como es normal, se interrumpe su trabajo, la enfermedad la postra y cierra su obra.

 

         Este breve recuento cuantitativo es sin duda insuficiente. Inevitablemente surgen preguntas sobre la técnica literaria para su prosa, y sobre todo sobre la forma y fondo de cada texto, es decir sobre su contenido.

 

         Sabemos que la técnica de Gabriela era simple. Muchos de sus originales eran sólo páginas de cuadernos escolares escritas con lápiz de grafito. Una escritura rápida, cursiva, de pocas palabras por línea, que no siempre es fácil descifrar. Solo muy tardíamente y con la ayuda de secretarias aparecen textos escritos a máquina. Sin una formación universitaria, le eran desconocidas las técnicas de notas a pie de página y el detallado reconocimiento de fuentes. Ella, pocas veces cita textualmente indicando la fuente. Y, para completar el cuadro, no siempre revela el lugar y la fecha de la composición. Generalmente sabemos esto último por el pie de imprenta

 

         Sobre cómo y cuándo escribía, ella misma nos ha guiado con una Conferencia pronunciada en Montevideo (1938), nada menos que ante Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni, titulada Como escribo. De esta declaración suya podemos colegir lo siguiente: no tenía propiamente un horario para escribir; para hacerlo necesitaba un espacio en el que por puertas o ventanas hubiera contacto con la naturaleza; corregía bastante, mas de lo que la gente puede creer ; más que la lengua culta, en sus poemas gustaba de la lengua conversacional, como le oyó decir a Don Miguel de Unamuno.

 

         En materia de formato la norma es la variedad. Encontramos textos muy breves, de no más de una carilla, a largos parlamentos en que una cosa lleva a otra. Muchas veces no es posible detectar una clara estructura, ni una verdadera conclusión, pero lo que nunca falta son sus ideas claras y tajantes sobre cada asunto. Gabriela Mistral se jugaba la vida en cada uno de sus escritos.

 

         Por lo demás, cada uno de ellos, era ella misma. No hay tema en la prosa de nuestra compatriota que no sea tratado desde su propia perspectiva, como si ella misma lo hubiera vivido y… muchas veces sufrido. Lo cual no significa ni relativismo ni subjetivismo barato. En efecto, ella siempre quiso hacerse eco de las voces de lo mejor de la sabiduría humana y en particular de la herencia cristiana de la cual nunca se apartó, a pesar de algunas búsquedas en la teosofía y en el budismo. Abierta a lo nuevo, no obstante valoró la calidad de clásico de ciertas obras y se empeñó en darlos a conocer, como sucedió con la Colección de Clásicos Iberoamericanos – del Instituto de Cooperación Internacional de las Naciones Unidas, que le debe, al parecer, su origen junto con Victor A. Belaunde y buena parte de su éxito.

 

         En un intento por agrupar sus intereses mayores proponemos tentativamente los siguientes núcleos temáticos, sin pretender una jerarquización de los mismos:

 

1.- Lugares y personas. Descripción y valoración de los parajes y ciudades que visitó y de las personas que llamaron su atención escritores, políticos, artesanos, etc.

2.- La educación y la cultura. Sus ideas sobre la escuela, la labor del profesor, la relación madre-maestra, la belleza en ese ámbito.

3.- El Niño y la infancia. Destacado lugar. Insistencia sobre sus derechos, su formación, su salud, y la responsabilidad de la madre.

4.- La mujer. Ideas sobre su identidad, rol, derechos y lugar en la sociedad.

5.- El ámbito de lo religioso. Muy presente en sus oraciones, en sus “credos”, en su predilección por Francisco de Asis y en el retrato de mujeres y hombres santos, incluido Alberto Hurtado C. s.j.

6.-Lectura y libro. Destacado lugar de la Biblioteca como medio de educación. Arte de leer y de contar.

7.- Materias, flora y fauna. Muchos de sus escritos anticipan las Odas de Pablo Neruda a cosas simples y cotidianas.

8.- El Oficio, los oficios y en particular los artesanos.

9.- Eventos y efemérides.

        

         Como es manifiesto cada uno de estos ámbitos podría ser objeto de estudios muy detallados. ¡Gran desafío para tesistas y graduados! Están por hacerse.

 

         Por lo demás, es muy posible que se pueda construir otros elencos nucleares. Quezada ha antologado Escritos Políticos en Gabriela Mistral (1994). Sin embargo, aún reconociendo la dimensión política de su pensamiento y su lucha – muy antigua – por la justicia, la reconoce en La Oración de la Maestra (1919), no parece haber suficiente fundamento para afirmar que ella haya tenido intención de hacer valer su pensamiento en este ámbito. Ámbito que consideraba legítimo e importante y que por eso mismo apreciaba en Pablo Neruda. Pero, no era su parcela. Tal vez con mayor propiedad se podría hablar de temas sociales. Esta dimensión surge a propósito de efemérides y acontecimientos. No obstante, y a pesar de su relevancia, como es el caso de la Guerra Civil Española, su tratamiento no parte de un marco de referencia teórico, sino del impacto de una consecuencia : la muerte y el dolor de los niños en esa guerra.

 

En este contexto y sin mayor referencia a reivindicaciones sociales, se sitúa su interés por individuos perseguidos y acosados, como fue el caso de Sandino, el revolucionario nicaragüense, al que dedicó dos artículos publicados en el Mercurio de Santiago.[11] Y, también el de José Martí , José Manuel Balmaceda y Giovanni Papini, entre otros. Tal vez, en cada uno de ellos, vio especularmente algo de su misma vida desarraigada y escasamente reconocida en su patria.

 

Quedan abiertas muchas preguntas sobre la relación vida-obra en Gabriela Mistral: ¿Hubo una ruta guiada por alguna idea maestra? ¿Es posible determinar algún grado de desarrollo en el trato de sus temas? ¿Qué lugar tuvo la contingencia personal y política en la elección de sus temas? Ninguna de ellas tiene una respuesta rotunda, en parte porque ella misma no la preparó. Y, sin embargo, del Inventario que tenemos a mano podemos enunciar algunas hipótesis:

 

Si bien hay una progresión hacia temas universales, nunca deja de estar presente la experiencia primera de su cuna de Elqui, sus cerros, el aroma de sus secos boscajes, el rápido correr de la fría agua cordillerana. Ella lo reconoce en Como escribo (1938), Mientras fui criatura estable de mi raza y de mi país, escribí lo que veía o tenía muy inmediato, sobre la carne caliente del asunto. Desde que soy criatura vagabunda, desterrada voluntaria, parece que no escribo sino en medio de un vaho de fantasmas. Lo cual, sin embargo no le hacía perder su estilo hecho de osadas y duras figuras literarias. Seco y agresivo como los cerros de Montegrande.

 

Por otra parte, los acontecimientos mundiales no tuvieron una gravitación significativa en su prosa. Su mención de la Bomba Atómica en 1945, no es más que una breve reflexión sobre el destino de esa poderosa herramienta bélica – óvulo potente y contundente, salido de manos aliadas, al término de un conflicto que ella vivió principalmente desde Brasil y que no lo tocó mayormente. Pero, no hay mención alguna de las víctimas. En esos años, la muerte de su sobrino y el Premio Nobel, si que estuvieron realmente presente en su pluma – es decir en sus cartas – ya que en la prosa de esos días, ni siquiera esos temas son tratados.

 

         A esa altura de la vida - tenía 56 años - estaba mirando otros horizontes y en su pluma hay aires de cosecha. Su mundo es definitivamente cada vez más interior y espiritual. Ciudadana del mundo, eficientemente alejada de Chile – “personaje intratable” en nuestro “delicado” mundo político – no obstante, su postrera mirada vuelve a Elqui y a las substancias telúricas de la infancia. En el texto que hemos estado citando, Como escribo, ella define su poesía como “un rezago, un sedimento de la infancia sumergida”, y agrega que aunque amarga y dura la poesía que hago, la purifica de cierta vileza esencial con que venimos a la vida.

 

         La tradición católica francesa que la había rescatado de su teosofía , le devuelve la fe de la infancia y algunos de sus últimos textos son para Alberto Hurtado s.j. muerto ya, para Alfonsina Storni, para Martí a quien debía en pluma e ideas y para el Hogar de Cristo.

 

Su último texto antologado, es Imagen y palabra en educación (1956), uno de los más potentes de su legado pedagógico. Un llamado postrero a dar lugar al autodidactismo y al uso de lo que llamó allí, auxiliares magistrales : radio, cine y televisión. Ella, una mujer tan libre, no podía sostener un concepto de la escolaridad que no estuviera transido de libertad y ese es su último mensaje.

 

Cada vez más imposibilitada para escribir colaboraciones a periódicos y editoriales, ella reúne todas sus fuerzas y prepara una obra final : su Poema de Chile. Se documenta, compra libros de Botánica y de Zoología, acude a sus experiencias personales, y escribe esbozos … pero no logrará su propósito en vida. Este “Poema de Chile” es una obra póstuma a la vez abierta y críptica, como todo en su vida. [12] Citando a Daydí-Tolson, Como obra de madurez y como proyecto abarcador de lo personal, Poema de Chile responde al designio ético de resumir las propias concepciones y visiones de un legado estético de carácter definitivo y trascendente. Se concibe como un testamento y como tal ha de interpretárselo, como voz póstuma de quien dedicó una vida a la mostración exaltada del mundo y a la evocación y anhelo de un estado superior de gracia, meta común de una humanidad caída y en perpetua búsqueda del ideal que la redima”.

 

Esto dicho de Poema de Chile, vale para toda su prosa, y tal vez sea esta la trama central que le da unidad, la ruta subterránea que organiza la aparente pluralidad de sus trabajos.

 

Avanzar hacia unas Obras – verdaderamente - Completas de Gabriela Mistral tomará mucho tiempo, pero desde ya – y particularmente en su prosa - hay tema para estudiosos y sobre todo para las nuevas generaciones de profesores, que en ella encontrarán antídoto contra el positivismo que sume a la profesión pedagógica en un letargo del cual, de tarde en tarde, algunos toman conciencia, pero que los estudiantes sufren sin tregua.

 

         Alvaro M. Valenzuela

         Viña del Mar, Diciembre de 2006.

 

Contacto:  e-mail,  avalenzu@ucv.cl

Página en la Web: www.alvarovalenzuela.cl

 


 


[1] Doctor en Filosofía. Profesor Universitario. www.alvarovalenzuela.cl .E-mail, avalenzu@ucv.cl

[2]  Es el caso de su correspondencia con Joan Bardina (1877-1950). Su hija aseguró a Jorge Villagran G. experto en J. Bardina, que la había prestado y que nunca volvió a verla.

[3]  Ver, del autor, “Gabriela Mistral. Avatares de su legado”. Revista Mensaje N° 274, Julio 2004, pags. 50-52.

[4]  Ya en la primera mitad del siglo XX, el padre Martín Gusinde del Verbo Divino, denunciaba el absurdo de que para estudiar las viejas etnias de los canales fueguinos hubiera que ir a Berlín, porque en Chile no había buenos museos ni registros etnográficos.

[5] Según Luis Vargas Saavedra, en 1933, la editorial Aguilar propuso a Gabriela una edición de la totalidad de su obra, a lo cual ella su negó. G.M. Recados para hoy y para mañana, Tomo I, pag. 10.

[6] Ver Anales de la Universidad de Chile, Año CXV, 2° Trim. 1957, N° 106, pags. 250- 265.

[7] Para una visión de conjunto de las Antologías mistralianas, ver el Anexo del Inventario a partir de Antologías Seleccionadas, A. Valenzuela F. 2006.

[8]  Estas obras que el intelectual magallánico con sus debidas introducciones y notas son las siguientes: Gabriela Mistral anda por el mundo (1978); Gabriela Mistral piensa en…(1978); Gabriela Mistral, Magisterio y Niño (1979); Gabriela Mistral, grandeza de los oficios (1979); Gabriela Mistral. Elogio de las cosas de la tierra (1979).

[9]  Ver, de Luis Vargas Saavedra, Recordando a don Roque Esteban Scarpa. El Mercurio ,Santiago de Chile, Septiembre 24, de 1995, pag. E-21.

[10]  La nómina de los seleccionadores de los textos en prosa de la Antología Mayor es la siguiente : Fernando Alegría, Magda Arce, Alfonso Calderón, Luis Alberto Ganderats, Marie-Lise Gazarian, Ivonne Guillén, Gabriela Illanes, Hugo Montes, Jaime Quezada, Patricia Rubio, Luis Vargas Saavedra y Pedro Pablo Zegers. (Cf. Tomo II).

[11]  Donde es más patente la reflexión propiamente política es en sus cartas. Allí da rienda suelta a sus amores y odios, por ciertas formas de gobierno y de relación de poder entre seres humanos, con mucho mayor libertad, lo cual no dejó de traerle malos ratos. Este fue el caso de sus apreciaciones sobre España, que la obligaron de dejar el consulado en Madrid.

 

[12] El mejor trabajo sobre Poema de Chile, es la obra de Santiago Daydí-Tolson, titulada El último viaje de Gabriela Mistral.  Editorial Aconcagua, Santiago, 1989.